• Sábado, 16 de abril de 2016
  • Edición impresa

La “grieta” argentina

Hay palabras que triunfan y no necesitan más explicación. En la Argentina, cuando alguien habla de “la grieta”, todos saben a qué se refiere. Es la división social, pero sobre todo política, que han generado 12 años intensos de kirchnerismo. Una sima entre los que están a favor y en contra del gobierno de Cristina Fernández. 

Argentina, un país escéptico y acostumbrado a relativizarlo todo, ha llegado a un punto para muchos insoportable. “Cada argentino puede contar una anécdota de cuando fue a un casamiento y estaban los kirchneristas de un lado y los antikirchneristas del otro”.

La grieta no sólo es política, sí tiene su máxima expresión en los medios. Buena parte de ellos dedican muchísimo espacio a la semana a hablar de los otros medios. Unos, los críticos, son para los rivales los “medios hegemónicos”. Los otros, favorables al Gobierno, “los oficialistas”. Cualquier sentencia judicial favorable o contraria a un medio es noticia de impacto. 

Eso sí, ha separado a amigos, hermanos, parejas, compañeros de trabajo. 

La última vez que pasó fue en los años ’50 y duró 40 años. Ojalá alguna vez podamos superar esta grieta porque dos medias Argentina no suman una Argentina.

El kirchnerismo hizo un fuerte énfasis entre el ‘ellos’ y el ‘nosotros’ y lo transformaron en la diferencia entre el amigo y enemigo que es todo aquél que no piensa como uno. 

El momento simbólico más importante fue cuando la ex presidenta dijo en un acto público: “Vamos por todo”. Ese “vamos por todo” generó automáticamente una respuesta de rechazo en una parte de la sociedad y derivó en identificaciones como “K” (kirchneristas) o “anti K” que se han hecho habituales en los últimos años en la Argentina. 

Se producen en países con liderazgos fuertes y personalistas, alimentados con un lenguaje bélico, con campañas que se convierten en “batallas” para animar a los militantes y que provocan que los simpatizantes lleguen a definirse como “soldados” de la causa.

La “grieta” se consolidó con el liderazgo de Cristina Fernández, con un estilo “más confrontativo, agresivo, desgastante y difícil de asumir para la sociedad”. “El cristinismo es una variante radicalizada de kirchnerismo”. “Yo no voy a ir a ninguna parte. Voy a estar siempre para recordar a todos el país que hicimos”, dijo Fernández antes de dejar el gobierno. “Siento que me he ganado un lugarcito en el corazón de muchos argentinos”, concluyó. 

Sin embargo en diciembre perdió las elecciones en las que Scioli la representaba. Fue abatida y golpeada fuertemente en todo el país. Y, como si fuera poco y en modo de resentimiento, no tuvo la clase ni la cortesía de dar la banda argentina al nuevo Presidente electo, Mauricio Macri. Acto repudiado por miles de che. 

Hoy su situación judicial tiene en vilo a los argentinos, como vimos este miércoles cuando se presentó en Comodoro Py para declarar por una de las tantas causas. Sus fanáticos prometen acompañarla y no dejarla sola. Mientras, la otra Argentina la destruye y tiene como objetivo verla entre las rejas.
Esta novela argentina no tiene desperdicio ni final.

             


Fernando Falchi
DNI 25.585.952